sábado 19 de febrero de 2011

Cristal de fiebre

Hablo de mí con o sin colores para la hierba, con o sin el aire sacudiendo al sueño con el sacrificio de los cuentos para hacer negro en el paraguas del lodo donde fue su última salida. De mí es como nunca me encuentro, por más lengua de vanadio que encuentre entre las ramas filtrándose para atrapar el cuerpo, el límite y todo el bosque cargando los pulmones, olvidarse ya del sonido y la asfixia, la piel en el cuello donde aprendí a quebrar espejos mientras la muerte se creía bosque cuando todo traje nocturno de las velas  se elevaba hasta decir la llama, la llamada, la llama con el cuello del reflejo en el galope, la llama quemando el iris hablando de mí, con fiebre de huecos. Y esos pozos, ¿dónde se sostienen? ¿dónde la mano, en el vacío? si tanto cuerpo es tan sólo el señalamiento de las lápidas sin árbol-fruto como destino, ese cáncer nostálgico llamado día, llamado noche, horas de invento: la escapatoria en un reloj sin cuerda.

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