He de encontrar en la penumbra los retazos de un día viscoso como el agua de invierno. Sin piernas, porque el camino no es más que sangre para viciosos y disfraces de color blanco, disfraces de neblina para mis oídos aunque la atención esté perdida por culpa de los anfibios y su sistema inmunológico. Tampoco intentaría buscar bajo las mesas algún tiempo hijo del otro tiempo, ni siquiera botones de azúcar; para eso está la sal, para los gusanos: Los animales son animales aunque su segundo nombre ocupe mil planetas; así es como se rompen las piernas, con el cerrojo más grande del cielo y sus secuaces. Ah, y todas las uñas sin dueño, esas sí, que se consuman el camino, pues animales no son y menos con la tierra alimentando. Eso mismo, nutrientes y las venas dejarán de ser para disfraces de terciopelo carmesí. Por eso los fantasmas existen, porque no son animales y se alimentan de la tierra, como las uñas. De la Tierra.
No podría, entonces, encontrar pedazo alguno de neblina porque las chimeneas necesitan al cielo sin sus nubes y esto sólo de ser una bocanada de humo, nada más que eso.
*CARTA ABIERTA *
*Por: Julián LeBarón*
Queridos Amigos y Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD):
En una crisis espiritual y de conciencia, he...

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