miércoles 9 de marzo de 2011

Hay un lago salado en mi cruz

Es la decadencia de la incompresión donde la garganta atrapa al vómito cada cuarto de hora y el camino -entonces- se detiene. Es no encontrarse ni en la sombra y derretirse en un lago con un féretro custodiado por una mula triste. Aquí las cruces tiemblan por cada espejo roto, aquí las lápidas lloran por cada pálpito roto. Aquí el lago es salado y apenas la mula puede consolar con su silencio. Apenas la inmovilidad puede neutralizar el sentido.

Olvidar... olvidar siempre. Olvidar todo.

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