Debería comenzar a deshacerme de las sillas verdes, pero antes y sobre todo de pasillos alternos de terminales de autobuses, o mucho antes, incluso, de techos de piedras salientes y de escaleras para aspirantes poetas.
Y tal vez enterrar costillas punzantes.
Tal vez quitarme los dientes.
Tal vez matar a todas las jirafas.
Ojalá no existieran las transformaciones o cualquier otro nombre parecido a ese. Mira que madrugar no me sentaba tan bien, y a quién le importa que existan teléfonos de espera. Qué mas da si hay gatos guía. Y menos aún si el flan de rompope desvanece el frío.
Todo para nada.
Un día encontré la incertidumbre, se paseaba cerca y jugando al escondite, todo era palabras y ejercicios y relatos. Todo era cosa de pianos y una cosa parecida a algo sobre sombras. Rodaban vidrios en pedazos por la ventana o hacían ruido en el patio mientras un ligero escalofrío hacía migajas un pan duro. A veces eran los árboles tirando hojas para hacer trabajar al barrendero.
Pero estaba ahí siempre un rastro de aquella otra cosa.
*CARTA ABIERTA *
*Por: Julián LeBarón*
Queridos Amigos y Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD):
En una crisis espiritual y de conciencia, he...

Tampoco es que sepamos donde empezar a buscar, quizás este por ahí, perdido entre Heraclito y Hegel, o en una playera de Ian Curtis... quizas al final solo sea ir odiando por el camino y resbalando agua hirviendo lejos
ResponderSuprimir